Usted está en : Portada : Crónica Lunes 17 de octubre de 2005

La fortuna de ser descendiente directo del nuevo santo chileno

Sobrino del padre Hurtado

Por Yolanda Latorre

El enorme parecido de Raimundo Díaz con su tío directo Alberto Hurtado, se puede apreciar a través de esta imagen.

Es un hombre de altura, poseedor de una serena y paciente mirada. Tiene el ojo derecho más pequeño, una característica que al parecer heredó de los Cruchaga y la sonrisa... ni dudarlo, su sonrisa es la misma que acompaña al Padre Alberto Hurtado, en cada uno de los retratos que a lo largo del tiempo hemos ido conociendo.

En todo un personaje se ha transformado por estos días Raimundo Díaz Carrasco, sobrino directo de quien se convertirá este domingo en el segundo santo chileno, y quien desde hace tres años vive en Temuco, hasta donde debió trasladarse en compañía de su esposa Patricia Domínguez, por motivos de trabajo, porque lo suyo es agricultura de exportación.

Precisamente a raíz del revuelo que está causando en nuestro país la esperada canonización del Padre Hurtado, Raimundo Díaz dio a conocer su testimonio y compromiso en relación con el gran legado que recibió de parte del fundador del Hogar de Cristo.

 

PRIMERAS

IMPRESIONES

 

Lamentablemente fueron sólo algunos años los compartidos con su tío, puesto que nació en 1939. Así cuenta que tiene plena conciencia de este hombre santo a partir de sus ocho o diez años de vida, es decir, dos años aproximadamente antes de la muerte del sacerdote. "En ese tiempo para mí era un tío más, cuya única diferencia era ser religioso. Eso sí, me causaba mucha impresión cuando llegaba a mi casa ubicada en calle Abdón Cifuentes, en pleno centro de Santiago. Siempre pasaba de carrerita a tomar un tesito con mi mamá, con la sotana bien maltratada, llena de polvo y más de alguna herida en las manos producto de sus recorridos bajo los puentes o basurales donde recogía a sus queridos patroncitos, como les decía cariñosamente él".

 

PARENTEZCO

 

Para contextualizar la relación de Raimundo Díaz con Alberto Hurtado, hay que comenzar indicando que su consanguinidad se manifiesta por partida doble, puesto que sus padres fueron Eugenio Díaz Cruchaga y Anita Carrasco Hurtado. Es decir que su padre, primo del Padre Hurtado, era hijo de Juan de la Cruz Díaz Bezoaín y de Elvira Cruchaga Tocornal, hermana de Ana Cruchaga Tocornal, mamá del beato.

En tanto, su madre fue fruto del matrimonio conformado por Camilo Carrasco Bascuñan y Elvira Hurtado Costa, esta última prima del progenitor de Alberto Hurtado, Alberto Hurtado Larraín. Junto a esto habrá que explicar también que en casa de sus abuelos paternos habría nacido Alberto y por tanto fueron sus padrinos de bautismo.

Quizás en esta relación es que se explica el extraordinario parecido o constitución genética entre estos dos hombres, un parecido que trasciende a lo puramente físico y que incluye, según quienes conocen bien de cerca a Raimundo, una gran bondad y alegría que con el paso del tiempo, a medida que se acerca la fecha de elevación a los altares de un nuevo santo para Chile, ha ido creciendo.

 

"TIO MAS GRANDE"

 

"Siempre digo que tengo la fortuna de contar con un tío que cuanto más conozco y aprendo de él, se me va haciendo más grande, día a día voy entendiendo por qué se dice que su presencia en esta tierra fue una verdadera visita de Dios a nuestro país. También este conocimiento y su experiencia de vida me obligan a sentirme parte de su cruzada por ayudar a los más necesitados, cómo no, es una obligación que se siente y que yo quiero traspasar a mis propios hijos y nietos por supuesto".

A pesar del poco tiempo que pasó junto a él, los recuerdos que dejó el Padre Hurtado en Díaz son siempre alegres y de mucha calidez: "Mientras yo jugaba en el patio de mi casa, sentía llegar la famosa camioneta verde, entonces me asomaba a la ventana y observaba cómo la parte trasera estaba repleta de niños y de ancianos que no se veían pobres sino que miserables, no tenían nada y eran atendidos por mi tío. Además me acuerdo que mi mamá siempre le decía 'cuídate Alberto', preocúpate de tu salud, límpiate esa ropa y él siempre muy apurado le agradecía con una gran sonrisa todas sus atenciones".

Y es que esa magnánima sonrisa, de quien prontamente recibirá la categoría de santo dentro de la Iglesia Católica, será la característica inolvidable que Raimundo Díaz Carrasco atesorará de su tío por siempre en su corazón, sumado a la extrema bondad que él manifestaba frente a cada una de sus obras.

 
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