Usted está en : Portada : Crónica Sábado 24 de junio de 2006

Los árboles ya han descansado

Este fin de semana mapuches celebran We Txipantu.

Rogativas frente al canelo, purrün, comida, Katán Pilun, son todos elementos que caracterizan este ceremonial.

Este 23 de junio a la medianoche, se terminó el txipantu (año) 12.472, y comienza el 12.473.

Es la data que lleva el pueblo mapuche, en relación a su existencia como tal, la que comenzará un nuevo ciclo en este Año Nuevo, o We Txipantu.

Corresponde al fin de la etapa de Rimungen (otoño) o tiempo de la caída de las hojas de los árboles, el cual marca el inicio de las temporadas o estaciones en que se divide el año. "Es cuando los arbolitos descansan", dice Irene Hueche, microempresaria mapuche, dedicada al etnoturismo.

Este día señala además el inicio de la relación entre el hombre y la naturaleza o Ñuke-Mapu (madre tierra), así como constituye la renovación de los ciclos productivos y es al comienzo de este día cuando Ngnechen (dios mapuche) purifica y bendice las aguas de los ríos, lagos y vertientes.

 

VOLVIO EL SOL

 

No siempre pudo haber tenido este nombre explica Juan Ñanculef, investigador e historiador de la cultura mapuche y encargado de patrimonio indígena de Conadi, en Temuco. Lo más probable es que la denominación original haya sido "Wiñoy Antü", o "volvió el sol", que se ajusta mejor a la concepción que tienen los mapuches sobre este especial día.

Ñanculef ahonda sobre la data: "El pueblo mapuche sabía contar, y para ello se basaba en un sistema decimal perfecto (...) basta saber contar hasta diez para contar hasta el infinito. A las unidades se le suma, y a las decenas se multiplica. Para decir once se dice diez más uno. Para decir veinte, se dice dos veces diez. Además, mediante nuestro sistema contable llamado 'Kipu', llevábamos muchos registros, los años de las personas, los días, los meses y estaciones del año, la cantidad de animales, el número de hijos, todo", dijo.

Argumentó que la data ha sido aportada por antropólogos y arqueólogos que han realizados análisis de carbono 14. Tom Dillehay, antropólogo, en los entierros del Monte Verde, Décima Región, a unos 22 kilómetros de Puerto Montt, estableció una data de la existencia humana de 38 mil años en base al carbono 14. "Esa es una data con antecedente científico, originado desde la misma cultura occidental, que habla del pueblo previo al asentamiento definitivo mapuche, del Mapocho hasta el Golfo de Reloncaví", dice Ñanculef.

Explica que se ha tendido a menospreciar el conocimiento mapuche, por parte de la cultura occidental, poniendo en cuestionamiento todo número o cifra venida desde este pueblo originario. Culpa de ello al sistema histórico educativo chileno, impuesto por la Ley de Instrucción Primaria y Obligatoria en el año 1928. "Se encargó de formalizar el menosprecio indígena hacia nuestro pueblo en lo que al sistema numérico y conteo se refiere. Claudio Matte, un gran académico de la Universidad de Chile, autor del Silabario 'El Nuevo Método', conocido comúnmente como Silabario El Ojo, en los años 50, destacaba en la lección 21, bajo el título 'Los indios mapuche no saben contar,... para decir uno dicen sol, y para decir dos, dicen pata de pájaro'", comenta el profesional.

 

Ceremonia que se pierde

 

En esta fecha también se suceden otros ritos. Uno de ellos es el Katan Pilun, que en términos más coloquiales, es agujerear la oreja de las adolescentes, para que puedan usar aretes.

Para Ñanculef, es el proceso de preparación en que una niña va transformándose en mujer.

Irene Hueche es una de las cultoras de esta tradición. En su comunidad, el año pasado se organizó una ceremonia en que se congregaron jóvenes mapuches de 11 años promedio. Sin embargo, explica Irene Hueche, costó juntar a estas jóvenes, debido a que con el paso de los años, las madres prefieren ponerle aretes a las mujeres en las maternidades de los hospitales.

Por lo mismo, este año -al menos en su comunidad- no habrá Katan Pilun.

 

 

 

Por Nelson Zapata

 
 
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