Usted está en : Portada : Crónica Martes 22 de mayo de 2007

Joven cesante se mató con la escopeta de su padre

En la comuna de Padre Las Casas

Por Roberto Neira Tonk, Foto de José Monsalve.

Los restos del joven cesante que trabajó como temporero en la VII Región están siendo velados en su modesta vivienda del sector Tres Cerros en la comuna de Padre Las Casas.

 

"Su hermano se fue a dormir cuando sintió un fuerte olor a pólvora, entró a su pieza y lo encontró", relata Héctor Orellana, padre del joven cesante de 21 años que se quitó la vida de un disparo en el pecho en la comuna de Padre Las Casas.

Lo sorprendimos deambulando por el Servicio Médico Legal, esperando su turno para someterse al doloroso ritual de retirar los restos del segundo de sus tres hijos, Mario Orellana Peralino.

Hace unos tres meses que el muchacho había llegado a la casa de sus padres luego de trabajar como temporero en la VII Región. Allí, en un inmueble ubicado en el sector de Tres Cerros, a unos 16 kilómetros del perímetro urbano de la mencionada comuna, veía pasar los días sin encontrar trabajo.

"Diariamente lo veíamos salir de la casa buscando alguna pega, pero llegaba sin nada y eso lo tenía mal", dice el jefe de hogar, quien hace años se desempeña como cuidador de un fundo en las cercanías.

Para esa labor tan arriesgada que normalmente realiza en la noche utiliza un escopeta calibre 16 milímetros. El domingo a eso de las 17.30 horas estaba en la cocina con parte de su núcleo familiar tomándose unos vasos de chicha y contando esas historias que hacen acortar el día.

De pronto -recuerda aún angustiado el padre de familia- su hijo se levantó para irse a su pieza. Pasaron varios minutos y ellos continuaron bebiendo porque no había nada extraño, ningún indicio para presumir lo que pasaría.

Luego uno de los hermanos de la víctima también se retiró de la mesa para ir a su pieza. De pronto un fuerte olor a pólvora lo llevó a ver qué sucedía en la habitación contigua y bastó que abriera la puerta para ver el cuerpo ensangrentado de Mario Orellana.

El estruendo del disparo lo había ahogado apegando el arma a su pecho. Ya nada se podía hacer para evitar el fatal desenlace del muchacho que hastiado por la falta de oportunidades decidió terminar con su vida.

 

 
 
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