26/10/2003

La herencia de los pobres

Algunos escolares de la IX Región caminan bastante antes de llegar a clases, incluso -en el caso de una alumna del sector costero- debe cruzar el lago Budi en bote a remos todos los días.

Texto: Silvia Sánchez Roa.

Fotografías: Oscar Ravanal Naranjo.

 

Decir que somos la región más pobre desde hace 40 años, que nuestro nivel educacional es el más bajo del país, que nuestro Indice de Desarrollo Humano (IDH) es el último en la lista de las regiones o que la desigualdad en la distribución de ingreso es abismante, ya se perfila como un discurso memorizado, recurrente y como invitado infaltable a las charlas y convenciones que se desarrollan en la región.

Las cifras se muestran desnudas, pero el análisis o lectura de las mismas, o bien la forma en que podemos sortear de manera efectiva esta realidad, aún no se ha llevado a cabo. En otras palabras, conocemos nuestra enfermedad, pero no hemos sido capaces de elaborar la medicina.

Uno de los puntos que podría revertir esta realidad, según se ha dicho en forma incansable, es la educación. Para ello el Estado ha realizado grandes esfuerzos en materia de inversión, con el fin de paliar las adversas cifras que ennegrecen el futuro de la región y del país.

Pese a ello, y después de años de espera, aún no ha habido resultados. Todavía continuamos en el poco honroso último lugar de las cifras. Ante este hecho surgen preguntas ineludibles: ¿Por qué, pese a los recursos destinados para mejorar la educación en la región, no hay resultados positivos? ¿La reforma posee la estrategia adecuada para acoplarse a la realidad de cada región?

Frente a ésta y otras interrogantes, pretendemos ofrecer un pequeño análisis sobre los intentos por mejorar la realidad educacional de La Araucanía, la cual se caracteriza por poseer escuelas rurales alejadas de los centros económicos, manteniendo una pequeña cantidad de alumnos y, quizá, sin poseer la ansiada RS (Rentabilidad Social) necesaria para optar a aportes del ministerio, a través de proyectos tendentes a mejorar su infraestructura, adquirir material de estudio o equipar nuevas materias.

De cara a un mundo cada vez más globalizado y competitivo, Chile prepara una carta ganadora para crecer económicamente, pero para ello se necesita de capital humano que posea la educación y competencias aceptables, lo cual, a la vez, requiere de mecanismos adecuados que acrediten resultados favorables.

 

¿ME REPITE

LA PREGUNTA?

 

Respecto de las estrategias utilizadas por el Ministerio de Educación, a través de la reforma educacional, surgen observaciones.

El año pasado una de las preguntas del Simce -que se aplica con las mismas preguntas a todos los niños del país- reflejó quizá la punta del iceberg sobre este tema. "Si tienes 80 ovejas en un corral y se escapan 15 ¿Cuántas ovejas quedan dentro del corral?". La respuesta matemática es clara, pero muchos menores de La Araucanía no se inclinaron por responder 65 ovejas, sino que prefirieron decir que no quedaba ninguna.

Es claro. Si en el campo guardas 80 ovejas en un corral y se escapan 15, 12, 10 ó una, lo más lógico es que se escapen todas, dada la costumbre de este animal a circular en piños.

A partir de esta respuesta pueden surgir muchísimas dudas, aunque quizá la más patente es la referida al miedo a eternizar la pobreza debido a una educación insuficiente o poco referente, siguiendo el círculo vicioso de falta de preparación académica - desempleo - pobreza.

No se debe desconocer los grandes esfuerzos del Estado para revertir este proceso y convertir la educación en un derecho, por lo menos hasta cuarto medio. Gracias a este avance se han logrado resultados cuantitativos respecto a la permanencia de alumnos en escuelas y liceos, aunque en términos cualitativos no ocurre lo mismo, incluso en algunos casos se ha retrocedido.

Cabe recordar que nuestro país está en pleno desarrollo la Reforma Educacional, sin embargo, el proyecto no parece rendir los frutos esperados. Entre 1996 y 2002 no ha habido ningún cambio en el rendimiento de los estudiantes en Chile.

Los zapatos son una clara señal de la asistencia a clases en las zonas apartadas de la región.

Una de las principales evidencias de esta crisis se reflejó en los resultados del instrumento internacional de medición de la calidad de la educación, Timms. De 38 países que se sometieron a esta medición, nuestro país obtuvo el poco honroso lugar 36. Pero el Timms entregó otros datos alarmantes, como que nuestros alumnos que cursan octavo básico están estudiando materias que debían haber aprendido hace 4 años. Por otro lado, la Unesco advirtió que en Chile casi la mitad de los estudiantes de 4º básico tiene problemas graves para entender lo que lee.

 

DIME CUANTO GANAS Y

TE DIRE QUIEN SERAS

 

Pero quizás lo más alarmante son los resultados que arrojó la Prueba de Aptitud Académica (PAA), no sólo por los pobres resultados, sino también por la abismal brecha que existe entre el desempeño de estudiantes con mayores recursos y de aquellos pertenecientes a sectores con menores ingresos.

El 62% de los estudiantes de colegios municipalizados ni siquiera alcanzó al puntaje mínimo para poder postular a alguna universidad tradicional, que corresponde a 450 puntos.

En el caso de los estudiantes de establecimientos particulares subvencionados el 48,6% no alcanza el puntaje mínimo, mientras que de los provenientes de colegios privados apenas el 16,4% no llega a los 450 puntos. Resultados que no debieran extrañar, si se tiene en cuenta, entre otras consideraciones, que en promedio los estudiantes de colegios privados tienen 8 horas más de clases a la semana que los de establecimientos municipalizados.

Cabe señalar que el puntaje mínimo sólo incorpora los conocimientos básicos que debieran enseñarse en primero medio.

Estos hechos dan cuenta además que la inequidad ya se transformó en una constante. El Departamento de Evaluación, Medición y Registro Educacional (Demre) construyó un esquema que sistematiza la relación que hay entre los ingresos del grupo familiar y los resultados en la PAA.

El puntaje promedio para los estudiantes cuyo ingreso familiar es menor a los 278 mil pesos es de 469 puntos; con un ingreso promedio de un millón de pesos el puntaje se eleva a los 575 puntos; mientras que para los ingresos superiores a los dos millones de pesos la media es de 674 puntos. Lo grave es que según un estudio de la Fundación Terram, 8 de cada 10 trabajadores ganan menos de 350 mil pesos.




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