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Una pelea extrema que
parece ser verdadera
 Por más cuidado que tengan las luchadoras ni el pelo se salva. |
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"¡Dale, dale!", gritan los clientes ubicados muy cerca del rectángulo plástico sobre el cual caen los rayos de luces de diversos colores que alumbran los cuerpos de ambas mujeres. Han pasado dos minutos y no paran de revolcarse. El espectáculo comienza con suaves toques entre las dos luchadoras, cuyos cuerpos no demoran en quedar empapados de "barro". Los bikinis que lucían se pierden en la piscina, pero ya nada importa. El relator continúa describiendo lo que allí ocurre, mientras los forcejeos provocan que Daniela e Isis queden untadas completamente de "barro". Después de algunos minutos ambas se encuentran cansadas, pero el ánimo de la gente les ayuda a continuar el show que para algunos es erótico y sensual. Las jóvenes saben que están allí para saciar la curiosidad del espectador, y más que aquello, las fantasías de ver a dos mujeres luchando y revolcándose en una piscina con crema. Lo curioso es que el espectáculo llama la atención tanto de las bailarinas como de los varones que llegan al local. No hay distracciones, la tensión aumenta conforme avanza la lucha que parece ser eterna, los cuerpos esculturales se mimetizan con la crema, a veces se hace difícil distinguir uno del otro. Por momentos el público permanece callado, pero basta un certero movimiento de una de las luchadoras para arrancar un grito de aliento. Lo que comienza, a veces, como un juego termina en un verdadero enfrentamiento entre las bailarinas, donde se cobran de rencillas anteriores, lo que hace disfrutar a los espectadores. Si bien no hay rencores respecto a lo que en el "barro" ocurre, las bailarinas exhiben casi como cicatrices de guerra los moretones muchas veces casuales que se originan en el contacto brusco de sus cuerpos. Tras unos 15 minutos de empujones y restregones, ambas luchadoras abandonan la piscina extenuadas ganándose el aplauso de los asistentes.
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