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Esperando el puerto
Con sentimientos encontrados, la hermosa localidad pesquera de Queule espera la materialización en pocos años más del proyecto de construir un puerto en la cercana playa de Nigue.
 La playa de Nigue, casi desierta hoy atrae a recolectores de pesca con sus redes. |
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Un proyecto que todavía está más en el plano de las aspiraciones -fundadas por cierto, pero aspiraciones al fin y al cabo- que en el de las realidades concretas. Sin embargo, no por ello, éste deja de causar inquietud. Para los pescadores de la zona, la idea no puede ser más nefasta ya que temen que perjudique sus posibilidades de pesca, hoy en desarrollo, y con ello sus mismas fuentes de trabajo. Son más de 150 familias de pescadores las que conforman el núcleo de la vida queulina y su importancia está creciendo, como lo demuestra el fuerte dinamismo que encontramos en la caleta y el constante ir y venir de camiones rumbo a la cuesta y a Mehuín. Por las aguas del profundo río Boldo, un flujo constante de botes se advierte de ida y vuelta hacia el mar, mientras otros pescadores se quedan en tierra preparando espineles y arreglando redes. NIGUE Sin embargo, para los pocos habitantes de la casi desierta playa Nigue, pocos kilómetros al norte, la situación es menos dramática y hay muchos que opinan estar de acuerdo con el proyecto, pues podría traer empleos a la zona. "Aquí vivimos en la miseria misma, muchas veces. Claro que hay buenas pescas en ocasiones, pero son pocas", dice Felidor Hauiquén, recolector de la zona. "¿Por qué va a ser malo?, yo creo que va a ser para mejor no más", dice optimista, Luis Cid, campero de un fundo cercano. "Sinceramente, creo que esto nos va a matar la pesca aquí en Queule. Pero igual creo que va a ser para mejor porque va a ver fuentes de trabajo estables y ahora casi no hay pega", dice Eduardo Orellana, mientras arrastra a fuerza de brazo una pesada red en la playa de Nigue Sur. El proyecto todavía está en busca de inversionistas. Nadie sabe lo que depara el futuro, pero mientras Queule sigue en la incertidumbre. Texto y fotos: Pedro Escobar A.
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