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Laura Vicuña, la niña chilena
más querida en la Argentina
 Epígrafe para relieve que representa el martirio que vivían Laura y su madre en manos de Manuel Mora (Vía Cristi). |
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JUNIN DE LOS ANDES.- La pequeña y tranquila localidad precordillerana al sur de la provincia de Neuquén recibe todos los años a miles de turistas atraídos por sus bellezas naturales, abundante pesca y ancestral cultura mapuche. Sin embargo, es el turismo religioso centrado en la figura de una niña chilena el que le ha dado renombre en toda la Argentina a esta localidad, ubicada casi en línea recta con Temuco. Desde hace algunos años, la municipalidad de Junín de los Andes y las autoridades religiosas de la congregación salesiana han emprendido un ambicioso programa centrado en el turismo religioso. Para ello, se remodeló el santuario que alberga restos de la niña santa y se está realizando un imponente Vía Cristi en el Cerro de la Cruz; un complejo arquitectónico y escultórico único en la Argentina. Laura Vicuña llegó a Junín de los Andes en el año 1900. En sólo 13 años de vida demostró que gracias a una profunda fe y amor al prójimo se puede dejar una gran obra espiritual. Una obra que crece y se perpetúa en el homenaje que realiza el pueblo de Junín a la beata. El 22 de enero de 2004, se cumplieron 100 años de su muerte. HISTORIA ¿Quién era Laura Vicuña? Cuenta la historia que nació el 5 de abril de 1891 en Santiago de Chile. Cuando tenía un año y medio enfermó de gravedad, padeciendo grandes dolores. La revolución de 1891, que terminó con el gobierno de José Manuel Balmaceda, obligó a su padre (político y militar) a huir al sur del país, donde posteriormente murió. Mercedes y sus dos hijas cruzaron la cordillera y se radicaron en los alrededores de Junín de los Andes. La madre comenzó a convivir con Manuel Mora, un hacendado del lugar. En 1890 las religiosas de María Auxiliadora -llegadas también desde Chile- habían abierto en Junín una escuela para atender la educación de las niñas. El 14 de febrero de 1900, ingresaron Laura y su hermana Julia a la escuela. Desde el primer momento, Laura mostró un gran interés por el Evangelio y la vida religiosa. Es en las clases de religión donde se entera de que su madre al vivir en cuncubinato, estaba en pecado, situación que afectó profundamente a la niña. VIRTUDES Su primer intento de ingresar a la Congregación se vio frustrado. Pero la niña, de apenas once años, utilizó este tiempo para instruirse sobre los votos religiosos y seguir, de esa manera, ligada a la casa de las hermanas. Acostumbraba someterse a privaciones y sufrimientos. Ayunaba casi todos los días. Durante el verano sufría largas horas de sed, en invierno se exponía al frío barriendo los corredores y el patio. Todas acciones perjudiciales o dolorosas para su pequeño cuerpo. Soportó también represiones, humillaciones y castigos por parte de su padrastro, sin embargo, nunca manifestó una queja. Su nivel de oración era tan alto y continuo que solía vérsela absorta, aún en medio de sus variadas ocupaciones. Reflejaba un apacible recogimiento y algunas veces balbuceaba algunas palabras entrecortadas. Dada su enfermedad, su madre pensó en llevarla a pasar una temporada en su casa. Laura sentía más la salida del colegio que todos los dolores juntos, pero no opuso resistencia. El 15 de septiembre de 1903, se despedía de sus maestras y compañeras diciendo: "rezaré mucho por ustedes y le pediré al Señor que les pague por mí los servicios que les debo". En noviembre, viendo Mercedes que los aires del campo no beneficiaban la salud de Laura y siéndole difícil acceder a los remedios, decide trasladarse a Junín. Estar cerca de la capilla y el colegio alegró a Laura, pero presintiendo su muerte se entregó a la oración y a la meditación. El 16 de enero de 1904 tuvo que guardar cama para no levantarse más. Conocida la noticia, los vecinos comenzaron a visitarla y demostrarle su cariño. SU MUERTE El 22 de enero, a las cinco de la madrugada, recibió la extremaunción. A las cinco de la tarde llamó a su madre y le dijo "Mamá, yo voy a morir y ¿no tendré la dicha, antes de morir, de verla arrepentida?. Su madre exclamó "¡Ay hija mía!, ¿entonces yo soy la causa de tu enfermedad y de tu muerte?. Pobre de mí. ¡Oh Laurita, qué amor tan grande has tenido hacia mí!. Te juro ahora mismo no volver a ver a ese hombre. Dios es testigo de mi promesa". Madre e hija se abrazaron y lloraron. Una de arrepentimiento y la otra de gozo. Laura besó el crucifijo y dijo "¡Gracias, oh Jesús! ¡Gracias, oh María! Muero contenta". Fueron sus últimas palabras, unos segundos después expiraba. Eran las seis de la tarde. Después de varios milagros comprobados, Laura Vicuña fue beatificada el 3 de septiembre de 1988, por el papa Juan Pablo II. Por Anita González Corresponsal en Argentina
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