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Peligrosa dependencia
No es la primera vez que me refiero al abastecimiento del gas argentino, como recurso energético del cual dependen numerosas actividades de nuestro país. Mis comentarios han apuntado a las eventuales consecuencias que puede traernos el corte de este suministro, por causas no difíciles de visualizar. No pienso, desde luego, en la más grave de estas ocurrencias, como la de un conflicto mayor con Argentina. Más bien miro los hechos probables y que ya han asomado a la realidad. En efecto, un problema laboral en el sur argentino, en febrero de 2002, llevó transitoriamente a un corte del suministro a Chile, ya que los trabajadores de Neuquén cerraron los conductos del gas a nuestro país. Ahora, en fecha reciente, las autoridades argentinas han dado a conocer la necesidad de un mayor consumo interno de este recurso, lo que podría implicar restricciones en su venta al exterior, a pesar de los contratos existentes bajo la categoría de "ininterrumpibles". Sin ser catastrofista, me parece que enfrentamos una situación futura preocupante, lo que haría indispensable adoptar medidas de prevención, que impidan los efectos que, eventualmente podríamos sufrir como país. El gas, como el petróleo, es un elemento estratégico cuyo manejo puede tener efectos demoledores, razón más que suficiente para que, en nuestro caso, preparemos con oportunidad las medidas que garanticen la normalidad de nuestro desarrollo, liberándonos progresivamente de esta peligrosa dependencia, que compromete un alto porcentaje de nuestro consumo energético. Yo creo que, careciendo en medida suficiente de petróleo y gas, debíamos estar impulsando el aprovechamiento de otras fuentes de energía que poseemos. Desde luego, el recurso hidroeléctrico todavía ofrece expectativas favorables. Pero hay otros que, en países europeos, han dejado la fase experimental, como la fuerza eólica o el potencial del oleaje oceánico, además de las fuentes geotérmicas. Escribe Roberto Muñoz Barra
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