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Política exterior
La designación de nuevos embajadores ante la ONU y Argentina es un cambio importante en las misiones diplomáticas.
La designación como embajador y jefe de la delegación ante la Organización de Naciones Unidas del ex ministro Secretario General de Gobierno, Heraldo Muñoz, quien antes se ha despeñado en altos cargos diplomáticos, y el nombramiento como embajador en Argentina del actual embajador ante la ONU y ex canciller, Juan Gabriel Valdés, constituyen, sin duda, cambios importantes en las misiones y en la política exterior de nuestro país. Independientemente de los motivos que hayan provocado estos nombramientos, ambos personeros cuentan con amplia trayectoria, conocimiento y experiencia para enfrentar los trascendentes desafíos en los cargos que están próximos a asumir. Argentina es una de las prioridades mayores de nuestra diplomacia, el vecino con el que se comparte la mayor frontera e integración y que, próximamente, experimentará la gestión de un nuevo jefe de Estado, luego de sucesivas presidencias provisionales, marcadas por profundas crisis económica y política. El embajador en Argentina tendrá los beneficios de la normalidad constitucional de las autoridades elegidas y del estrechamiento en los vínculos políticos bilaterales que se ha producido en la última década. Pero también deberá este jefe de misión asumir los inconvenientes de un intercambio con un saldo fuertemente negativo para Chile, las fuertes pérdidas económicas y de confianza que han sufrido los inversionistas y financistas nacionales por la devaluación, el congelamiento de depósitos bancarios y el incumplimiento de los pliegos tarifarios. En general, hay riesgo de que el gobierno que se inaugura opte por el continuismo, demore los acuerdos financieros internacionales, eluda reformas administrativas indispensables, acoja medidas proteccionistas para una industrialización forzada, o bien, que no persista en avanzar hacia el libre comercio. El eventual inmovilismo en esos campos ciertamente podría tener sus principales efectos en la recuperación de Argentina y en su integración a los mercados mundiales, pero también produciría divergencias con las políticas económicas aplicadas por nuestro país y afectaría al intercambio bilateral, en especial a los exportadores e inversionistas nacionales. Por su parte, en la ONU se inicia una nueva etapa en el Consejo de Seguridad, tras su fracaso para resolver por la vía diplomática la crisis de Irak y por el unilateralismo de los EE.UU. y sus aliados para intervenir militarmente en ese territorio. A esto se agrega una crítica más amplia por los anacronismos, burocratización y politización de esa institución, que abren notorio espacio para cambios estructurales. De no producirse tales reformas, seguirá cundiendo su desprestigio, se acentuará el debilitamiento del multilateralismo y se prolongará la incertidumbre por la transición a un nuevo orden mundial.
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