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El impacto del estrés en la pareja

La incertidumbre masiva generada en pandemia ha tenido fuertes consecuencias. Poner atención en cómo nos comunicamos y decidir ver lo positivo, son algunos consejos para reencontrarse.
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La llegada de la pandemia generó un clima de incertidumbre masiva: miedo al contagio, a la pérdida de un ser querido, a quedar sin trabajo, además de los cambios en las rutinas y las medidas restrictivas, entre otras cosas. Todo esto puso en jaque a muchas parejas, ya que a todo lo anterior se sumó la tensión de estar juntos 24/7 en las cuarentenas.

Hoy, esta situación ha pasado la cuenta, ya que muchas personas han reportado problemas en su vínculo afectivo y sexual (cuando aumenta el cortisol, hormona del estrés, disminuye el deseo), mientras que otras se han separado, durante o posterior al confinamiento.

La psicóloga de Clínica Alemana Temuco, Paola Henríquez, explica que es difícil generalizar, ya que todas las parejas son distintas y cada una está en etapas diferentes (tener o no hijos, edad de estos, vivir juntos o no, etc.), a lo que se añade que algunas entraron a esta crisis sanitaria en un momento de unión, lo que los fortaleció, mientras que otras ya tenían problemas, haciendo todo más complejo. A pesar de esto, se pueden dar recomendaciones generales, ya que está comprobada la relación entre estrés y pareja, y el impacto que puede generar.

Aquí, algunos consejos para tomar la crisis como una oportunidad de reencontrarse:

Vínculos afectivos: El motor de la resiliencia

"Las personas que mejor logran hacer frente a las repercusiones psicológicas de la pandemia son aquellas que tienen la posibilidad de expresar lo que les pasa y que cuentan con una red de personas con quienes pueden compartir sus experiencias".
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La resiliencia es un proceso transformador que pueden experimentar personas, familias y grupos humanos, en el que intervienen variables tanto individuales como colectivas y que consiste en sobreponerse al dolor, a la tristeza profunda y al estrés crónico y salir fortalecido luego de vivir esas experiencias. Si bien existe una tendencia natural en los seres humanos a resistir el dolor y enfrentarse a las dificultades propias de la vida, la resiliencia puede ser entrenada y alcanzar niveles óptimos en la medida en que se desarrollen algunos factores predisponentes, uno de los cuales son los vínculos afectivos.

Una revisión de trabajos de investigación publicados en los últimos 40 años muestra que los niños más resilientes a experiencias tempranas adversas tenían previamente como eje principal relaciones más cercanas con sus cuidadores. Todo parece indicar que el motor de la fortaleza, la habilidad para adaptarse al entorno y para generar aprendizajes positivos a partir del estrés, está vinculado a experiencias de contención, intimidad y sensibilidad de parte de los cuidadores. Estas experiencias de vinculación generan una habilidad mayor para modificar estados internos de aflicción en situaciones de equilibrio y bienestar. Esta capacidad trasciende la infancia y puede acompañar a la persona en las distintas etapas del ciclo vital.

El escenario de incertidumbre en el que vivimos actualmente nos muestra que este tipo de habilidades son y serán cada vez más necesarias. Las personas que mejor logran hacer frente a las repercusiones psicológicas de la pandemia son aquellas que tienen la posibilidad de expresar lo que les pasa y que cuentan con una red de personas con quienes pueden compartir sus experiencias.

¿Qué hacer?

Un estudio realizado en Chile durante la crisis sanitaria indica que en este periodo hemos experimentado una revalorización de las relaciones humanas. Los resultados muestran que siete de cada diez personas fortalecieron sus vínculos familiares durante la pandemia. Este indicador es particularmente interesante si entendemos este incremento en las relaciones familiares como un factor protector de los daños y como motor de transformación del dolor en bienestar.

En conclusión, promover la construcción de vínculos afectivos cada vez más estrechos activando canales de comunicación con personas significativas y, en algunos casos, buscar asesoría especializada, nos protege del estrés, alivia el dolor y representa el motor de la resiliencia.